La hemana Andrea representa a un tipo de cristiana que, hoy por hoy, es difícil encontrar, llegó siendo una mujer jóven al Evangelio, con su fidelidad al Señor e inquebrantable autoridad de madre crió hijos e hijas con la doctrina del Evangelio, simiente que hasta este día permance en la casa del Señor, y no solamente sus hijos sino que esta bendición alcanza a gran parte de su descendencia. Sus primeros pasos fueron sola y con mucho sufrimiento, pero, posteriormente su ejemplo y fe permitió que su esposo, el hermano Jesús Soto, llegara a este glorioso conocimiento. Si tuviera que destacar de esta fiel hija del Señor una característica en especial diría que lo suyo, en su relación con su Salvador, fue la ORACIÓN, especialmente la oración de mañana, se cuenta que aún no aclaraba el día y ella ya estaba orando en el Templo de calle Irarrazabal. dorca, misionera, fiel y llena de gozo por la obra que un día, el poder de Dios, obró en su vida. La conocí ya anciana, pero muy ferboroza, nunca perdió la hermosura de la gracia de Dios en su vida, me gustaba mucho escuchar su expresión de gratitud los días Martes de experencias, era tanta su devoción y convicción que al oirla parecia que recien estaba conociendo del amor de Dios. Llena de años y después de dedicar muchos años a la obra del Evanelio, a finales de los ochenta el Señor pasó lista por su hija. " Señor levanta obreras fervientes en tu Iglesia, hermanas consagradas de todo corazón, que corran por las calles llevando el gran mensaje, por que ya Cristo viene a buscar lo que el ganó..."
1 comentario:
Un hermoso testimonio de consagración.
Una persona consagrada manifiesta un conjunto de indicadores consecuente con lo que dice y hace.
El hacer significa postergar sus propios intereses en pos de una entrega total a Él.
Uno puede no siempre comprender aquello, el por qué tiene que hacerlo y de pronto surge la duda, si llegado el momento y en circunstancias complejas, esa persona abandonará aquello que era la razón de su existir.
Afortunadamente nunca he sido testigo de aquello. Es más en los momentos de extremo dolor y aflicción aquella fe y entrega se materializa con la pérdida de la vida corporal, que es a lo que denomino el triunfo final del consagrado.
Las lecciones de los consagrados(as) son profundas e impactantes, saturadas por su alta relación con Dios, al que agradeció en todo momento, tanto en lo bueno, como en aquellas circunstancias adversas y después de su partida se vive con más fuerza su legado, tal como la hermana Andrea y otros(as) de la misma estatura moral y espiritual, entre ellas mi madre.
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