lunes, 6 de abril de 2020

Testimonio de nuestro hermano Luis Valencia Castillo.

Mi llamado de Dios a estos santos caminos ocurre cuando tenía 17 años de edad, estando en el segundo año de Humanidades en la Escuela Industrial de Illapel, en el mes de noviembre de 1951 se me declaró la enfermedad de reumatismo en todo mi  cuerpo, llenándome de tumores, la enfermedad fue tan invasiva que me ataco el corazón, provocándome una complicación cardiovascular incluso mis pulmones fueron dañados. Mi madre al ver mi triste situación y que ya no me quedaba vida, me dijo: “hijo clamemos al señor”, le dije que yo no sabía clamar y ella me respondió usted va a ir repitiendo todo lo   que yo diga, doblamos las rodillas y nos pusimos a orar; yo repetí toda la oración de mi madre. Después de terminada la oración me aparte del lugar y me puse a orar solo, le pedí al señor que perdonara mis pecados y me lavara con su sangre porque no quería morir sin salvación.

Me quede acostado en mi cama y estando con mis ojos cerrados comencé a ver en el espíritu, veo que estoy en las alturas y veo una guagua recién nacida que era atacada por un enorme gigante que con fuertes soplidos quería ahogarla; desperté de esa visión confundido por lo que había visto y se me cerraron nuevamente mis ojos y vuelvo al mismo lugar a ver a ver a la misma guagua recién nacida. Esto me ocurrió tres veces esa misma noche, al despertar al día siguiente entendí que el Señor me había hecho nacer de nuevo, que yo era esa guagua recién nacida. Después de haber tenido esta visión, recupere mi salud completamente, solo me quedaron en mi cuerpo las marcas de los tumores.

Gracias al milagro ocurrido en mi vida tome la decisión de servir al Señor y gracias a su misericordia lo he podido hacer hasta esta fecha.

Por el año 1955 los hermanos de la Iglesia iban a realizar vigilias de amanecida al sector llamado las Trancas donde unos conocidos nos facilitaban una pieza que era utilizada como corral para las cabras, entre todos los asistentes la limpiábamos completamente y  después teníamos nuestra vigilia que eran muy espirituales. Cuando ya estaba amaneciendo todo el grupo regresaba a Illapel cantando alabanzas en el camino, fue así como en una de estas caminatas se derramo el poder del espíritu santo sobre todo el grupo, niños, ancianos, señoritas, jóvenes, era un verdadero pentecostés, una hermana tomada por el poder de Dios me puso las manos en mi cabeza y me dijo: “hermano entrégate al señor porque él te va a bautizar…” yo respondí al Señor: “en tus manos estoy”, sentí que mi cuerpo se elevaba en el aire y mis pies se movían solos, en ese momento le hice una promesa al Señor: “Señor voy a seguir sus caminos aunque tenga que pasar por altos y bajos”. Así he caminado con la ayuda del Señor estos 65 años, sin haber tenido nunca una laguna para la gloria de su Nombre…

                                                                                                             
Ciclista con mas de 65 años sirviendo al Señor...